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El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

Periódico Digital Qcom.es: El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

8 DE octubre DE 2018

Otoño, no solo se caen las hojas

Vidal Maté. @trigo_limpioVM

En una economía libre de mercado, imponer precios mínimos a los productos agrarios es uno de esos imposibles con los que solo puede soñar el sector agrario. En aquellos tiempos, antes del ingreso de España en la Unión Europea, había negociaciones de precios mínimos de intervención y control sobre los techos de subidas de los medios de producción. Luego, también en aquellos tiempos ya dentro de La UE, se negociaban los precios de intervención en Bruselas y funcionaban los mecanismos intervención para regular los mercados. Hoy, prácticamente han desaparecido los precios, los mecanismos de intervención para regular los mercados y han nacido otras vías de apoyo a través de organizaciones de productos o similares, pero tenemos los instrumentos oxidados. Estamos en otra.

En estos inicios del otoño, los precios están constituyendo una pesadilla para una buena parte del sector agrario. De un lado están las cotizaciones a la baja percibidas por los agricultores y ganaderos. En la otra balanza, los precios al alza pagados por los medios de producción, en estas fechas referidos fundamentalmente a las semillas, teóricamente de calidad y a los abonos. En ambos casos no se sabe muy bien quién se lo está llevando, si los fabricantes, los intermediarios, o todos a la vez. El hecho es que, con precios a la baja en origen por los secretos de los mercados y la apatía del sector para organizarse y defender mejor sus intereses, y los precios al alza de los medios de producción en manos de unos pocos grandes grupos, la rentabilidad de las explotaciones se viene abajo sin que la misma se llegue a compensar por la mejora de rendimientos. Y, mucho trabajo, mucha dedicación, muchas inversiones para llegar ahí, no son el mejor reclamo para la incorporación de los jóvenes ni para frenar el despoblamiento, ahora en boga y gran descubrimiento de los medios y de los políticos. El campo existe.

En los cereales se ha confirmado la existencia de una buena cosecha con una cifra total estimada en 23,8 millones de toneladas por las Cooperativas Agroalimentarias, lo que supone prácticamente situarse en la cifra record de 24 millones de toneladas de la campaña 2013 con un incremento superior al 50% sobre la cosecha anterior que estuvo marcada por la sequía con solo 15,5 millones de toneladas, a pesar de lo cual, tampoco subieron los precios. Unos resultados logrados gracias a unos rendimientos medios por hectárea record superiores a los 4.000 kilos según el responsable del sector en las cooperativas, Antonio Catón.

Sin embargo, por unas u otras razones, como ya es habitual en las últimas campañas, no han funcionado los mercados hasta la fecha y las perspectivas de futuro tampoco son las más optimistas a pesar de la reducción de la cosecha en el conjunto de la Unión Europea en más del 12% pasando de 300 a solo 273 millones de toneladas. El futuro se cuece en los países del este y, sobre todo, lo que suceda en las cosechas al otro lado del Atlántico. Lo que está ya claro es que en el caso del maíz las importaciones permiten tener hoy materia prima en puerto y también en el futuro a uno 170 euros tonelada. En cebadas los precios oscilan entre los 170 y los 177 euros, mientras los trigos blandos rondan los 180 euros y los duros no llegan a los 190 euros.

Y, una gran parte de los cerealistas entregando sus cosechas desde la tierra a los comerciantes u operadores, sin contratos ni precios de referencia, ”a como esté”, los mismos que luego se lamentan de las liquidación es a la baja de los operadores en cuyas manos han puesto las rentas de su trabajo y de sus elevadas inversiones. Con una agricultura cerealista que se podría definir como intensiva por no dar descanso a la tierra y donde es cada vez es más indispensable ayudar a la misma con más carga de fertilizantes más caros, los resultados netos de la explotación cada año son más justos o negativos a poco que no acompañen las condiciones climatológicas en los secanos.

El girasol, donde la superficie se ha ido reduciendo en la última década pasando de más de un millón de hectáreas a las 730.000 que se cultivan en la actualidad en una posición de franco retroceso hasta producciones medias inferiores a las 800.000 toneladas de pipa, registra una situación similar. El girasol, además de como un cultivo independiente, se ha convertido en teoría para muchas zonas en un cultivo alternativo, con unos menores costes de producción y la posibilidad de ofrecer una buena rentabilidad.

Sin embargo, a ello no han contribuido las industrias extractoras con sus políticas de precios y las de aprovisionamiento de semillas.

España es un país netamente deficitario en aceite de girasol, por lo que había un importante recorrido para aumentar las siembras. Pero, campaña tras campaña, la superficie es menor consecuencia de la estrategia de las industrias con bajadas de precios en el mercado interior y la importación masiva de aceite o de pipa de girasol fundamentalmente de Ucrania. Este ejercicio, gracias a unas buenas condiciones climatológicas, la cosecha se presentaba buena en volumen. A esta buena cosecha, las industrias en su conjunto han respondido con precios de ruina hasta una media de solo 0,30 euros kilo de pipa.

El sector del vino ha tenido una buena vendimia en su conjunto con cifras de entre 42 y 43 millones de hectolitros tras una campaña anterior a la baja, sobre todo en zonas como el Duero donde las heladas se llevaron por delante más del 60% de la uva y había muchas bodegas con las existencias vacías. Además, aunque se ha mantenido baja la demanda interior, las exportaciones han seguido siendo altas en los niveles de las campañas precedentes y, sobre todo, con mejores precios. Todo ello invitaba a una campaña con precios similares a los de la campaña anterior, sobretodo en zonas de producción más elevada como Castilla La Mancha. Sin embargo, no ha sido así y las pocas bodegas que dominan el comercio impusieron sus condiciones sobre el peso productivo de las cooperativas en unos niveles de de entre 0,245 euros y los 0,33 euros kilo grado, según variedades, entre un 15% y un 20% por debajo de la  campaña anterior. En zonas de más calidad  como Duero, donde  no había apenas existencias por la baja cosecha anterior, los precios se mantuvieron altos hasta los dos euros kilo.

Los productores de aceite no han salido mejor parados. La campaña pasada fue baja con solo 1.256.000 toneladas y la misma dio lugar a unos precios elevados en origen con cotizaciones para los aceites de mayor calidad, los virgen extra de casi cuatro euros kilo, de 3,7 euros kilo para los aceites virgen y de 3,6 euros kilo para los llamados lampantes que antes de de su comercialización se deben refinar y que se comercializan simplemente como “aceite de oliva”, suave o intenso. Esa subida de los precios provocó en los meses precedentes una caída de la demanda interior en más de un 7% como media, así como descenso casi del 10% de las exportaciones, lo que se ha traducido en un aumento de las existencias, que sumado a la posibilidad de una  buen cosecha de 1,5 millones de toneladas ha dado lugar a fuertes bajadas de precios hasta una media de solo 2,7 euros kilo para  los virgen extra, 2,5 euros para los virgen y 2,4 euro kilo para el aceite lampante, de la calidad más baja.

La situación no es mejor en el conjunto de la actividad ganadera con los precios de la leche de vaca congelados desde hace tres años en cifras no rentables con una media de 0,32 euros kilo a nivel estatal y de 0,30 en Galicia, peor las leches de oveja y de cabra.

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