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El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

Periódico Digital Qcom.es: El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

9 DE marzo DE 2022

Plan europeo de proteínas vegetales, ahora más que nunca

Ricardo Migueláñez. @Rmiguelanez

Si antes de la guerra en Ucrania ya era una petición que venía haciendo encarecidamente el sector productor agrario de la Unión Europea, sin que Bruselas, ni los Estados miembros, salvo quizás Francia, hicieran mucho por impulsarlo, tras los trágicos acontecimientos que se están viviendo en la zona del Mar Negro, la necesidad de un Plan Europeo de Proteínas Vegetales es más perentorio o decisivo que nunca.

Esta región del Este de Europa se ha convertido en un importante proveedor mundial de cereales y oleaginosas, incluidos los aceites vegetales. En la actualidad, las exportaciones de Rusia y Ucrania representan alrededor del 12% del total y ambos países se encuentran entre los cinco primeros exportadores mundiales de cereales y oleaginosas importantes, como el trigo, la cebada, el girasol o el maíz. Ucrania es, además, fuente clave de aceite de semilla de girasol, puesto que suministra alrededor del 50% del mercado mundial.

Como ya comentamos en un anterior artículo, nuestro país ha sido hasta ahora muy dependiente de los cereales y las oleaginosas de la zona de guerra. En 2021 importamos desde Ucrania maíz, sobre todo, y otros cereales, por valor de 545 millones de euros (510 millones solo de maíz grano, en el que somos el primer importador y Ucrania nuestro segundo proveedor, detrás de Brasil); otros 423 millones de euros de aceite vegetales, mayormente aceite de girasol.

El comisario de Agricultura, Janusz Wojciechowski, dio cuenta de la gravedad de la situación sobre la seguridad alimentaria de la UE en el último Consejo de Ministros del ramo, dejando caer con prisa que una de las medidas podría ser liberar tierras obligadas a quedarse por la aplicación de la PAC en barbecho (más de 2 millones de hectáreas) para el cultivo de  oleaginosas y proteaginosas de esta primavera. Pero, con todo y con eso, no será suficiente para suplir la ruptura del suministro de grano y aceite de girasol de Ucrania.

El problema al que se enfrenta la UE ya no es solo que las infraestructuras y los puertos ucranios, así como el tránsito marítimo en la zona estratégica del Mar Negro y del Mar Azov estén en la actualidad completamente interrumpidos por plazo indeterminado, sino que existe mucha incertidumbre de que se puedan llevar a cabo la próxima cosecha e incluso que puedan realizarse las siembras del otoño-invierno que viene.

La realidad con la que ahora se enfrenta la UE en el ámbito de la seguridad alimentaria no es nueva, pero sí se ha hecho más acuciante. Hasta ahora, se ha permitido que la tasa de autoabastecimiento en materias primas vegetales ricas en proteínas estuviese en apenas un 35% y que, además, la importación dependiese de un escaso número de proveedores, entre los que destacaba, sin duda alguna, Ucrania.

Los motivos de este déficit proteínico son diversos y vienen de bastante atrás, como destaca el COPA-Cogeca. Entre ellos, el acuerdo de la “Ronda Dillion” de 1962, en el que la ahora UE aceptaba un acceso de la soja sin aranceles y a su mercado, con la contrapartida o a cambio del reconocimiento de la Política Agrícola Común (PAC), en particular en el caso de los cereales.

Otro motivo aducido por el sector productor agrario europeo es la evolución y adaptación tardía de los cultivos oleaginosos y proteaginosos en Europea (plan proteínas de 1973), lo que ha conllevado un progreso técnico genético menos avanzado que en el resto de los demás cultivos herbáceos y, en tercer lugar, el aumento de la producción de los animales de cría (en granjas integradas de intensivo, sobre todo porcino y aves y,  en menor medida, vacuno de carne), junto al crecimiento de la población mundial, que ha estado elevando la demanda de consumo.

La situación palmaria es que  la UE ha venido importando más del 60% de las materias primas vegetales ricas en proteínas que necesita, unos 35 millones de toneladas de equivalente de soja por importe de más de 12.000 millones de euros, para proporcionar a su ganadería raciones alimentarias equilibradas, principalmente semillas y tortas de soja procedente de Estados Unidos y América del Sur y, en el caso del girasol y derivados y otros semillas vegetales, como la colza, de Canadá, pero también de Ucrania y Rusia.

La aparición de nuevos clientes para los proveedores de América del Sur (Argentina y Brasil), pero también para EE.UU. de habas de soja, en particular China (su demanda representa dos tercios del comercio mundial), ha debilitado considerablemente la capacidad de la UE para orientar la oferta de los principales países terceros productores, con el riesgo de que el equilibrio del abastecimiento de materias primas vegetales ricas en proteínas por la UE resultara perturbado a largo plazo. La guerra en Ucrania ha hecho presente ahora, más que nunca, esa perturbación de la que ya se hablaba hace tiempo, como ya se está viendo en la imparable subida de las cotizaciones en los principales mercados.

La reforma de la PAC de 2013 introdujo una serie de incentivos para incrementar la producción de materias primas vegetales proteínicas, como la ayuda asociada voluntaria al cultivo de oleo-proteaginosas y la “ecologización” (la condicionalidad del pago “verde”, cultivos fijadores de nitrógeno en superficies de interés ecológico) contribuyendo a mejorar la producción. Sin embargo, se ha visto que, a pesar de esta mejora, tras el desencadenamiento de la guerra, en Ucrania, el resultado para elevar la oferta frente a la demanda está siendo muy insuficiente.

Además, las restricciones al uso de productos fertilizantes y la prohibición de utilizar productos fitosanitarios en los cultivos fijadores de nitrógeno han dificultado el desarrollo e incluso han llevado a una reducción de la superficie de algunos cultivos oleo-proteaginosos en la UE, como en el caso de la colza, algo que podría agravarse si se hacen obligatorias, por ejemplo, para poder percibir la ayuda por eco-esquema u otras ayudas, las recomendaciones que para limitar el uso de fitosanitarios y fertilizantes emanan, al respecto, de las Estrategias “De la granja a la mesa” y de “Biodiversidad” para su aplicación a partir de 2023.  

De hecho, hay voces que ya han pedido, dada la drástica ruptura del suministro de materias primas alimentarias por la guerra en Ucrania, que se retrase por tiempo indeterminado los objetivos previstos en ambas Estrategias, puesto que podrían afectar tanto a la potencialidad productiva, como a la disponibilidad de tierras para la producción de algunos cultivos herbáceos en los que la Unión Europea es ampliamente deficitaria.

El principal reto para la producción europea de proteínas vegetales es ahora mismo, sin lugar a dudas, acelerar la mejora de la tasa de autoabastecimiento de la UE observada en los últimos años, pero que sigue siendo muy insuficiente. Hasta un 90% de las proteínas vegetales que se producen en la UE (gluten y residuos secos de destilería con solubles, tortas de colza, de girasol y de soja, así como alfalfa deshidratada) y que son utilizadas en alimentación animal proviene de un proceso industrial, siendo escasa la integración de las semillas proteaginosas producidas en la UE en la cadena de la alimentación animal, debido a una oferta todavía demasiado limitada y que, además, debe competir en desventaja con una producción mundial a b

Por otro lado, se insiste en que debería mejorarse, y apoyarse más, la autonomía forrajera de las explotaciones ganaderas, teniendo en cuenta la volatilidad de los mercados y la creciente demanda de los consumidores de alimentos, sobre todo lácteos, alimentados con materias primas no transgénicas.

También se echa en falta que no se destinen más medios y fondos a la investigación de cultivos proteaginosas para suministrar variedades nuevas de semillas, más resistentes, de mejor calidad y mayor productividad, y que ofrezcan un rendimiento estable; que la CE aún no haya tomado una decisión sobre el estatuto jurídico de las nuevas técnicas de selección genética (Cris-pr), o que se prohíban fitosanitarios para luchar contra determinadas plagas o enfermedades fúngicas, sin que los agricultores cuenten de antemano con alternativas viables y más sostenibles.

Recomendaciones

Aunque se ve como una entelequia que la UE pueda sustituir la importación de todas las materias primas vegetales ricas en proteínas por producción propia, sí que se ve posible, más en la actual situación, reforzar un Plan Proteínas que ofrezca a los agricultores nuevas perspectivas para adaptar una oferta competitiva, de calidad y resiliente a la evolución de la demanda.

Entre las recomendaciones que ha divulgado el COPA-Cogeca para impulsar la producción y mejorar el aprovisionamiento de proteínas vegetales en la UE, que afronte de forma coherente los muchos retos económicos, ambientales, climáticos y tecnológicos que nos esperan está el establecimiento de un plan concreto y eficaz de ayudas a largo plazo a la inversión, innovación e investigación a lo largo de la cadena de valor, con el fin de mejorar la productividad, la eficacia y la eficiencia de este tipo de producciones.

En segundo lugar, se propone focalizar la investigación en la mejora efectiva de los rendimientos de determinados cultivos, como la soja, guisante, altramuz dulce y alfalfa, así como en la tolerancia a las enfermedades, así como apoyar la I+D+i sobre la mejora del uso de las tortas de colza y de girasol.

Otra aspecto recomendable es el desarrollo de la contractualización en el sector, desde los productores de cultivos herbáceos (oleaginosas, proteaginosas y leguminosas) a los ganaderos, mediante, por ejemplo, las cooperativas, lo que permitiría proteger mejor a los agricultores de la volatilidad de los precios y planificar la producción a largo plazo, contribuyendo también a elevar la tasa de autoabastecimiento de la UE en proteínas vegetales.

También se propone proteger la renta de los agricultores en el marco de la PAC, a través de, por ejemplo, las ayudas asociadas al cultivo u otros mecanismos de garantía, y el acceso a materias primas proteicas para proporcionar al ganado raciones alimenticias balanceadas a un precio competitivo.

Por otro lado, se recomienda a la Comisión Europea mejorar el balance Proteínas realizado por la Dirección General de Agricultura,  incluyendo en el mismo todas las fuentes de forrajes, como los pastos y las leguminosas forrajeras (alfalfa) para apreciar su situación como suministradoras en volumen d proteínas vegetales.

Se recomienda igualmente tener en cuenta la contribución y los efectos inducidos de estos cultivos oleo-proteaginosos a los objetivos ambientales y climáticos de la UE, en concreto sobre el cuidado y mejora de la estructura de los suelos, la casi inexistente demanda de nitrógeno mineral, el menos uso de fitosanitarios, etc., así como en una mayor oferta de leguminosas o legumbres para atender el desafío, cada vez mayor, de alimentar a escala mundial a un número creciente de consumidores.

Es necesario atender la importancia que tiene una política apropiada y estable a favor de los biocarburantes deriva de los cultivos herbáceos para reequilibrar el déficit de proteínas vegetales en la UE. Gracias a esta política de desarrollo positivo de las cadenas de biocarburantes, se ha logrado limitar las importaciones de habas y de tortas de soja, aunque éstas siguen siendo importantes (30 millones de toneladas). El 60% del aceite de colza se valoriza en la producción europea de biodiesel certificado como sostenible, pues las tortas resultantes de su trituración (aproximadamente 12 millones de toneladas) se utilizan como piensos para proporcionar a los animales de cría raciones alimentarias equilibradas. La producción de etanol de la UE contribuye también a partir de sus co-productos de residuos secos de destilería con solubles (DDSS).

Por último, se propone llevar a cabo campañas de promoción para que los consumidores conozcan las ventajas de las leguminosas, tanto a nivel alimentario, como climático y medioambiental (también campañas de información en las escuelas), así como encontrar nuevas salidas a los aceites vegetales producidos en la UE y desarrollar la bioeconomía en las zonas rurales (técnicas de biorrefinería).

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