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El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

Periódico Digital Qcom.es: El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

24 DE marzo DE 2023

¿Puede la UE mejorar su autonomía estratégica en proteínas vegetales?

Ricardo Migueláñez. @Rmiguelanez

Mucho se ha dicho, hablado y comentado sobre la necesidad que tiene la Unión Europea de plantearse una Estrategia global en materia de proteínas vegetales y aceites vegetales que, además, sea sostenible, eso ya se da por hecho.

La última reforma de la PAC 2021/27 y luego 2023/27 hubiese sido un buen momento para que la Comisión Europea se plantease introducir dicha estrategia en el debate, antes de la pandemia de Covid-19 y, sobre todo, de la guerra en Ucrania. Ambos sucesos, aún vivos, pusieron sobre la mesa la fragilidad de las cadenas de suministro alimentario de la UE y la perentoria necesidad que existe para mejorar su autonomía de abastecimiento energético y alimentario, reduciendo en la medida de lo posible sus importaciones y la dependencia de suministro de países terceros. Pero no ha sido así, y, desde mi punto de vista, seguimos igual que antes, jugando con las cosas de comer.

La CE consideró entonces, cuando se presentó y se debatió dicha reforma, que la Unión no tenía especiales problemas de seguridad alimentaria y que había que centrar casi todos los esfuerzos en elevar la contribución de la agricultura y la ganadería a la salvaguarda del clima y el medio ambiente, dejando relegado en un segundo plano el objetivo de asegurarse un cierto autoabastecimiento de materias primas agrícolas y de alimentos.

Craso error, como se está viendo en la actualidad, con unos alimentos que han visto elevarse sus costes de producción, cuyas materias primas para su elaboración en muchos casos hay que importar de terceros países y cuyo precio se está trasladando, al menos en parte, a lo largo de la cadena de valor para hurgar aún más en los bolsillos de los sufridos consumidores.

Ahora, tras este golpe de realidad, la Unión Europea se ha dado cuenta que se necesita mejorar su grado de autoabastecimiento de ciertas materias primas agrícolas y alimentarias. Digo mejorar, que no garantizar al 100% su autoabastecimiento, porque eso va a ser prácticamente imposible en una economía abierta de mercado y con unas grandes limitaciones de tierra y de agua, de capital humano (e incluso de tecnología) para elevar de manera sustancial nuestra producción agrícola y ganadera.

Parece ser que también la Comisión Europea, al menos la parte agraria de Bruselas ha tomado conciencia (más vale tarde que nunca, sin duda) de que habrá que hacer algo más de lo poco o nada que se hecho hasta ahora en este campo, sin que ello tenga por qué suponer un abandono de la necesaria contribución del sector a la lucha contra el cambio climático y a la defensa del medio ambiente, que tampoco es que esté demasiado reconocida.

A este respecto, la CE tenía intención de presentar en este primer trimestre de 2023 (ya va con algo de retraso) una nueva Comunicación sobre el desarrollo de las proteaginosas en la Unión Europea, pero tanto el propio sector, como otras instituciones comunitarias, caso del Comité Económico y Social Europeo (CESE) o la Comisión de Agricultura del PE, se han lanzado a alimentar de nuevo el debate sobre la necesidad de establecer una Estrategia global y sostenible en materia de proteínas vegetales en la UE.

Fuente dependencia

En un dictamen de iniciativa, el CESE aporta datos de interés de cómo está la situación. Señala, por ejemplo, que existe una dependencia considerable (alrededor del 75%) de las importaciones de plantas con alto contenido en proteínas y que el sector ganadero comunitario no solo utiliza indirectamente tierras de cultivo de terceros países, sino también una gran parte de las tierras cultivables de la UE, pues en torno al 50% de las cosechas se destina a la alimentación del ganado para obtener productos de origen animal, mientras que el ser humano consume menos del 20% de forma directa como alimento vegetal.

Ya entonces, en una resolución del Parlamento Europeo de 2018, se hacía referencia a la gran dependencia de la UE de las importaciones de materias primas para la elaboración de piensos y del importante déficit de proteínas vegetales para atender las necesidades del sector ganadero, con escasas mejoras desde entonces, pese a la utilización en piensos de productos derivados de la producción de biocombustibles.

En esa resolución se indicaba ya que la UE solo consagra el 3% de las tierras de cultivo a las proteaginosas y que importa más del 75% de su abastecimiento de proteínas vegetales, principalmente de Brasil, Argentina y Estados Unidos. Y, “a pesar de que la producción total europea de productos ricos en proteínas pasó de 24,2 a 36,3 millones de toneladas (+50%) entre 1994 y 2014, el consumo total aumentó de 39,7 a 57,1 millones de toneladas (+44%) durante el mismo periodo”, señalando que “decisiones políticas, como el Acuerdo de Blair House, han desempeñado un papel decisivo en la creación de estas dependencias.”

El CESE constata que existe poco desabastecimiento de proteínas de origen vegetal en el sector de los alimentos humanos, pero sí y en mayor medida en el sector de los piensos compuestos, por lo que existen muchas razones (no solo alimentarias, sino también de tipo medioambiental y de protección de los suelos) para aumentar el cultivo de proteínas en la UE y de recurrir a los pastos e la alimentación animal.

Sin embargo, reconoce el CESE también que, pese al potencial existente (para aumentar aún el cultivo de proteaginosas en la UE) “no será posible, en términos puramente cuantitativos, sustituir completamente las importaciones de alto contenido proteínico por cultivos de producción europea, sin provocar repercusiones de gran calado en otros ámbitos de la producción agrícola.”

La razón principal, añade este órgano consultivo, es que existe un factor limitante de carácter absoluto, como es la superficie de cultivo disponible para elevar el volumen de producción, aun introduciendo de forma constante medidas innovadoras para mejorar la productividad.

Analizar el potencial

Por ello, el CESE considera urgente que la UE realice un estudio sobre el potencial y la proporción de tierras a escala europea que podrían dedicarse al cultivo de oleaginosas y proteaginosas en la Unión.

En dicho estudio debe tenerse en cuenta la sostenibilidad del uso de la tierra (rotación de cultivos, fertilidad del suelo y biodiversidad). Y, a partir de los resultados, debería establecerse cuánta superficie de cultivo se requiere para ofrecer a la ciudadanía europea una alimentación saludable basada en proteínas vegetales y, a partir de este dato, qué superficie restante estaría disponible para la alimentación animal (o para fines energéticos) y, a su vez, cuáles serian las necesidades de importación para una ganadería ajustada a los límites ecológicos europeos y mundiales, y orientada a la sostenibilidad y el bienestar animal.

Y en base a todo esto, la estrategia debería responder también a la pregunta de cómo deben plasmarse los acuerdos comerciales vigentes (p.ej., Mercosur) y cómo se puede proteger a los agricultores de la UE, que producen de forma sostenible, contra las importaciones que tienen su origen en la producción no sostenible.

Pero, además, una estrategia europea en materia de proteínas y aceites vegetales debería contribuir al desarrollo sostenible de las zonas rurales y lograr también que la ganadería en su conjunto sea compatible con los objetivos propios de la UE y de Naciones Unidas en materia de seguridad alimentaria europea y mundial, autonomía de suministro y sostenibilidad.

Elementos de la estrategia

Para el CESE una estrategia de proteínas, que contribuya a cumplir con los objetivos de autonomía estratégica debería incluir el fomento de la investigación y la innovación en este ámbito a lo largo de toda la cadena de valor (incluyendo en ese enfoque integral al sector ganadero) para lograr un uso optimizado y orientado a las necesidades de las fuentes de proteínas vegetales.

Debería incluir el desarrollo y mayor promoción del potencial de producción de proteínas en la UE; el refuerzo de una producción nacional sostenible de proteínas vegetales según las estrictas nomas europeas; el desarrollo y ampliación de las cadenas de valor regionales y de las capacidades regionales de transformación, así como la colaboración continua con las instituciones y organizaciones agrarias para promover el cultivo y el uso de proteínas vegetales de origen nacional en la industria alimentaria y de pienso.

También debería contar con el incremento del potencial de los cultivos, mediante la mejora y la ampliación de las estrategias de cría; la ampliación de los servicios de educación y asesoramiento y de la transferencia de conocimientos; permitir y facilitar la producción de proteaginosas en superficies de interés ecológico (SIE), y consolidar el vínculo entre ganadería y el potencial forrajero regional.

Dicha estrategia, en todo caso, no debería obviar, el cumplimiento sistemático de los actuales límites de contaminación por emisiones (nitratos en aguas superficies y subterráneas, amoníaco, etc.) y la internalización de los costes externos; la promoción de las prácticas ganaderas más propicias para el bienestar animal, a través de la información al consumidor y el etiquetado de los productos; la fijación de normas de producción y calidad en relación con el impacto sobre la salud y el medio ambiente de las importaciones de productos que compiten con los de la UE, junto con campañas de información paralela sobre las consecuencias para el medio ambiente y la salud de los diferentes hábitos alimentarios.

Aumentar la producción

Por su parte, el Parlamento Europeo tiene previsto aprobar en estos próximos meses un proyecto de resolución en el que insta a la Comisión Europea a presentar cuanto antes una estrategia global en la UE en materia de proteínas, con medidas eficaces que permitan incrementar la producción europea de proteínas a corto, medio y largo plazo.

Ese incremento se implementaría mediante una combinación de reglas de la PAC, que proporcionen un marco estable, prácticas de gestión flexibles e incentivos para la producción de cultivos ricos en proteína, pastos y leguminosas, y medidas de financiación de la I+D para fomentar y estimular la adopción por el mercado de las proteínas de origen vegetal para la alimentación humana y animal en la UE.

El papel clave de la harina de soja

El informe del CESE destaca el papel especial, casi primordial, que desempeña la harina de soja, un ingrediente predilecto en la formulación de los piensos compuestos, debido a su elevado contenido en proteínas (más del 40%) y en aminoácidos, y su disponibilidad durante todo el año. Su consumo en Europa aumentó desde 2,4 millones de toneladas en 1960 hasta casi 36 millones al año. Para satisfacer la inmensa demanda de esta oleaginosa se necesitan casi 15 millones de hectáreas de tierra, de las cuales 13 millones se sitúan en América del Sur, que ya supone más que toda la superficie cultivable de Alemania (11,7 millones de hectáreas). La gran mayoría (en torno al 94%) de la soja importada es de variedades genéticamente modificadas. Las elevadas importaciones de soja, de la UE se deben a que esta oleaginosa puede producirse de forma mucho más barata en América del Sur y en EE.UU., gracias a las condiciones naturales del cultivo que allí existen y al hecho de que las normas medioambientales y sociales son mucho más laxas que en la UE.

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