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El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

Periódico Digital Qcom.es: El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

17 DE enero DE 2018

Cava: debate entre el miedo, la prudencia y la libertad

  • El sector ha llegado a cifras record en superficie, producción y en ventas
  • Aumento en la exportación y caídas en el mercado interior
  • El crecimiento de la superficie es superior al de los mercados
  • El sector quiere potenciar la oferta premium frente a auge de la marca blanca barata que ya supone más del 25%

Vidal Maté. @trigolimpio_VM

El cava, para una mayor parte de los mortales, es el producto que se asocia a brindis, amistad, celebraciones o actos festivos. Sin embargo, en las últimas navidades, el cava, lejos de todo eso, se ha convertido en un motivo de preocupación para cientos de bodegueros ubicados en Cataluña por el renacimiento de las amenazas de boicot por parte del resto del territorio español a raíz del denominado proceso por la independencia. A su vez, el cava ha constituido un motivo de enfrentamiento entre las comunidades autónomas de Valencia y Extremadura y el Consejo del Cava ante la iniciativa de este para que las autorizaciones de nuevas plantaciones en 2018 fueran solamente de 0,1 hectáreas y la decisión salomónica de Agricultura de dar luz verde a autorizaciones para 172 hectáreas, un porcentaje de incremento del 0,52%, igual al concedido como media para todo el viñedo español y en línea con las peticiones de prudencia que reclamaban algunas voces de bodegueros claves en el sector catalán

Esta situación pone de manifiesto que, por debajo de éxito alcanzado en todos los mercados y, sobre todo, en el exterior en más de un centenar de países, el sector del cava se debate también entre diferentes miedos de los que se podrían señalar el temor de un crecimiento excesivo para las previsiones de la demanda; la reducción de los precios por el dominio de marcas blancas o marcas del propio fabricante baratas; la excesiva concentración de las ventas en navidades y en territorios como Cataluña o la caída de la demanda interior frente a la competencia de vinos espumosos. Y para las bodegas ubicadas en Cataluña históricamente dominantes de los mercados, la competencia en aumento de las bodegas en otros territorios de España que ya sumarían unos 15 millones de botellas. Todo ello, poniendo en riesgo la propia rentabilidad de una actividad que hoy ocupa a unas 240 bodegas, a más de 36.000 hectáreas, 6.000 explotaciones y con ventas superiores a los 1.000 millones de euros.

Desde la perspectiva de las superficies de cultivo, el cava ha sido una actividad en permanente crecimiento al hilo de las diferentes normativas en el tiempo hasta la regulación de la actual Región del Cava cuyos orígenes se remontan a 1959 cuando se hablaba inicialmente de las características del cava hasta su primera definición como vino espumoso en 1970 en el Estatuto de la Viña, del Vino y los Alcoholes. Posteriormente, el reglamento sobre vinos espumosos gasificados de 1972 con la creación del Consejo Regulador de Vinos Espumosos, germen del actual Consejo del Cava; más tarde, la orden de febrero de1987 supuso la primera delimitación de la Región Cava con 157 municipio, de los que 63 son de Barcelona, 52 de Tarragona, 12 de Lérida, cinco de Gerona, 18 de Rioja, dos de Navarra y dos de Zaragoza; finalmente, previo un recurso de la bodega valenciana Torre Oria y la decisión del Tribunal en 1991, se produjo la incorporación a la Región del Cava las localidades de Requena en Valencia y de Almendralejo en Extremadura, casualmente las mismos que en la actualidad reclaman la ampliación de las superficies de cultivo.

Crecer replantando

La superficie dedicada a la producción de cava se sitúa actualmente en 36.100 hectáreas de las que el 84% corresponden a Cataluña con 30.454, seguidas de las 3.137 de Valencia, 1.363 de Extremadura, 914 de Aragón, 101 en Rioja, 100 en Navarra, 28 en el País Vasco y 13 en Ribera del Duero. Su puede decir que su crecimiento ha sido discreto a lo largo de las últimas décadas. Desde la última regulación del sector con la nueva OCM y la necesidad de autorizaciones para nuevas plantaciones desde 2016, la administración central limitó ese crecimiento a solo 179 hectáreas de nuevas plantaciones en 2016 y a 300 en 2017. Sin embargo, el incremento real de las replantaciones ha sido muy superior, lo que supuso pasar de unas 31.300 hectáreas en 2000 a 33.500 hectáreas en 2016 llegar en 2017 a las 36.100 hectáreas en base a replantaciones fundamentalmente en Extremadura y en Valencia donde se ha producido el mayor desarrollo viñedos y en bodegas, aunque parte del vino obtenido se destina a bodegas ubicadas en Cataluña.

En este fuerte incremento de las replantaciones superior al ritmo de las ventas se hallaría la posición del Consejo de congelar las superficies con una doble respuesta. De una parte, quienes apoyaban la medida para evitar un exceso de oferta y caídas de precios y quienes veían y ven en una mayor producción una posibilidad para seguir aumentando ventas.

Durante las últimas tres décadas, la producción de cava se ha duplicado pasando de 115 millones de botellas en 2006 a la cifra récord de 245 millones de botellas en 2016 en una línea de crecimiento moderado con su altibajos con un incremento medio en las últimas décadas del 1,4% aunque se estima que el mismo será muy superior en los próximos años cuando entren en producción las superficies de las replantaciones acometidas en los años pasados.

Bien en el exterior, mal en el interior

Desde la perspectiva de los mercados, no se puede negar que el cava ha sido un sector de éxito, sobre todo en el exterior, superando las dificultades iniciales. En los años cincuenta, muchas bodegas catalanas fundamentalmente en el mercado del Reino Unido se apuntaron a la comercialización del cava como el “spanish champagne”, denominación contra la que se opusieron y ganaron los bodegueros franceses en los años sesenta y que forzó a la administración española a poner en marcha la regulan del cava, así como su reconocimiento posterior por las autoridades comunitarias hasta lograr reservar esa denominación solamente para la producción española que cumpla la normativa en vigor.

Con la denominación de cava en la mano, el sector ha mantenido en las últimas décadas un crecimiento en los mercados. De los seis o siete millones de botellas exportadas en los años setenta, a finales de los años ochenta ya se alcanzaban los 48 millones de botellas, para llegar en 1999 a los 130 millones de botellas. Con algunos altibajos, el crecimiento ha seguido hasta la actualidad donde las ventas en el exterior se sitúan en 159 millones de botellas, solo dos millones menos que la cifra record de 161,5 millones de botellas exportadas en 2012. Entre 2002 y 2016 el incremento medio de las ventas en el exterior se sitúa en el 3%.

Frente al éxito de los mercados exteriores, en mercado interior el comportamiento entre 2002 y 2012 ha sido negativo con un descenso medio del 0,7% para situarse las ventas en 2016 en 86,2 millones de botellas frente a las cifras récord de 100 millones en los años 1999 y 2006 y los 90 millones de botellas como media de los años ochenta. Este descenso de la demanda se estima que obedecería principalmente a dos razones. Una, al boicot al cava catalán, y una segunda, al incremento de la demanda de vinos espumosos en todas las comunidades autónomas.

Precios bajos y marca blanca

A esta evolución positiva, pero sin tirar las campanas al vuelo de las ventas y como una llamada a la prudencia a la hora de aumentar las superficies, se suman también los temores por la evolución de los precios del cava en los mercados, y concretamente en el mercado interior. Según los datos manejados en el sector, se estima que la marca blanca a bajos precios supone ya más del 25% de todas las ventas, situación que ha arrastrado a las marcas de fabricante y a reducir igualmente sus precios con el consiguiente efecto negativo sobe la rentabilidad de las empresas. Se trata de una situación frente a la que desde el propio sector se pretende luchar con el impulso de una producción de cava en el segmento de más calidad con productos premium, reservas, grandes reservas o vinos de paraje calificado que en la actualidad ya suponen en conjunto un porcentaje de entre un 15 y un 18 % de las ventas.

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