Mientras se celebra la cumbre COP30 en Belém, Brasil —país anfitrión— lidera el lanzamiento del “Compromiso de Belém por los Combustibles Sostenibles”, con el objetivo de cuadruplicar el uso global de combustibles sostenibles para 2035.
Italia, Japón e India ya han respaldado la iniciativa. Sin embargo, el panorama global está lejos de ser claro: en Europa, la directiva sobre energías renovables está en proceso de transposición, con objetivos más ambiciosos para los biocombustibles avanzados.
En Estados Unidos, la incertidumbre legislativa provocada por el cierre del Gobierno federal, ya en vías de solución a principios de esta semana, está retrasando decisiones sobre los mandatos de mezcla, generando inestabilidad en el sector de los biocombustibles.
Por el contrario, países como Indonesia y Brasil están imponiendo obligaciones de mezcla cada vez más exigentes.
Los analistas de la empresa de Inteligencia Alimentaria, Areté, siguen de cerca los acontecimientos para evaluar posibles impactos en el mercado de los aceites vegetales, especialmente ante una creciente demanda en sectores difíciles de descarbonizar como la aviación y el transporte marítimo.
Tensión en el aluminio
Otra materia prima básica para la industria alimentaria (latas, botes...etc.) como el aluminio, a comienzos de noviembre cotizaba en la London Metal Exchange (LME) en su nivel más alto desde mayo de 2022, superando los 2.900 $/t. Esto representa un incremento de alrededor del 25% respecto a los niveles de inicios de abril.
Según los análisis de Areté, el reciente rally se debe en gran parte a la reducción de los inventarios en bolsa, que se mantienen extremadamente bajos tras haber tocado un mínimo de varios años en junio de 2025.
Las solicitudes para la retirada de existencias reflejan un posicionamiento estratégico por parte de los operadores del mercado, que buscan construir reservas físicas de metal en un contexto de oferta limitada e incierta.
La incertidumbre proviene sobre todo del contexto geopolítico, con el endurecimiento de las sanciones europeas sobre el aluminio ruso y los aranceles del 50% impuestos por EE. UU. a las importaciones de aluminio primario, que están reduciendo la disponibilidad interna y redefiniendo los flujos comerciales.
Además, la producción en China (primer productor mundial) se aproxima cada vez más al límite de capacidad impuesto por el Gobierno (45 millones de toneladas), lo que aumenta la preocupación por una posible ralentización de la producción interna y un incremento de las importaciones del país, factores que podrían reducir la disponibilidad internacional.
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