6 DE octubre DE 2025
El pasado 3 de octubre de 2025, el Stockholm Food Forum y la revista 'The Lancet' presentaron el 2025 EAT-Lancet Commission 2.0, un informe cuyo objetivo es presentar “un sistema alimentario acorde con los principios de salud, sostenibilidad y que incluye, como novedad con respecto al anterior informe, los de Justicia.
La presentación de este informe fue realizada por el editor jefe de 'The Lancet', Richard Horton, que estuvo acompañado por los responsables de cada una de las áreas del informe. Así, en los temas de Salud, el profesor Walter Willet; en los de Sostenibilidad, el profesor Johan Rockstöem, y en los asuntos de Justicia, Christina C. Hiks.
Según las conclusiones del denso informe de 76 páginas, "la adopción global de dietas saludables a partir de sistemas alimentarios sostenibles, salvaguardaría nuestro Planeta y mejoraría la salud de miles de millones de personas."
Para los investigadores, la forma en que se producen los alimentos, lo que se consume y cuánto se pierde o se desperdicia influye fuertemente en la salud tanto de las personas como del planeta.
En concreto, según el profesor Rocktöem, del Instituto Potsdam para la Investigación del Cambio Climático y Stockholm Resilience Center, "la producción mundial de alimentos amenaza la estabilidad climática y la resistencia del ecosistema.Constituye el mayor impulsor de degradación ambiental y de transgresión de los límites planetarios. El resultado de la suma de ambas es grave. Una transformación radical de la sistema alimentario mundial es urgentemente necesario. Si no actuamos, el mundo corre el riesgo de no cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU y el Acuerdo de París."
La Comisión EAT-Lancet presentó un marco global integrado que, por primera vez, proporciona objetivos científicos cuantitativos para dietas saludables y la producción sostenible de alimentos, mostrando que es posible y necesario alimentar a 10.000 millones de personas con una dieta saludable, dentro de los límites planetarios seguros para la producción de alimentos en 2050.
También demuestra que la adopción universal de una dieta de salud planetaria ayudaría a evitar la degradación ambiental grave y evitaría aproximadamente 11 millones de muertes humanas al año. Los datos son suficientes y lo suficientemente sólidos como para justificar una acción inmediata.
Sin embargo, para salvaguardar los sistemas y procesos naturales de los que depende la Humanidad y que, en última instancia, determinan la estabilidad del sistema de la Tierra, se requerirá nada menos que una Gran Transformación de Alimentos.
Cinco estrategias
El estudio propone cinco estrategias: buscar el compromiso nacional e internacional para cambiar hacia dietas saludables; reorientar las prioridades agrícolas pasando de producir grandes cantidades de alimentos a producir alimentos saludables; intensificar de forma sostenible la producción de alimentos para aumentar la producción de calidad; gestión firme y coordinada de la tierra y de los océanos, y reducir al menos a la mitad la pérdida y desperdicio de alimentos.
Al respecto, esta Comisión solicita una acción generalizada en varios sectores y niveles, que incluye, por ejemplo, un cambio global sustancial hacia patrones alimentarios saludables; grandes reducciones en la pérdida y desperdicio de alimentos, así como y grandes mejoras en las prácticas de producción de alimentos.
Los datos son suficientes y lo suficien temente sólidos como para justificar una acción inmediata. La comida será un asunto clave y definitorio del siglo XXI. Aprovechar su potencial catalizará el logro tanto de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), como del Acuerdo de París.
Los investigadores consideran que existe una oportunidad sin precedentes para desarrollar sistemas alimentarios como un hilo común entre muchos marcos de políticas internacionales, nacionales y empresariales que buscan mejorar la salud humana y la sostenibilidad ambiental.
Establecer objetivos científicos claros para guiar la transformación del sistema alimentario es un paso importante para aprovechar esta oportunidad.
Este informe es prácticamente una continuidad del que se recibió en 2019, con algunos cambios, como incluir en la sostenibilidad el principio de Justicia, obviando la sostenibilidad Económica (dentro de la tiple sostenibilidad, junto a la Social y Medioambiental); es decir, el principio que rige los mercados en el mundo, el de la rentabilidad de las personas o de las empresas que producen los alimentos en función de lo que demanda la sociedad, cada sociedad, en la que viven.
Sin esa sostenibilidad, es prácticamente imposible que puedan cumplirse los objetivos, loables si se quiere, de transformar y mejorar las dietas alimentarias, de salvaguardar el medio ambiente y de produccir suficientes alimentos en cantidad y calidad para atender el crecimiento de la demanda mundial.
Salud y Justicia
En el documento, desde un primer momento, se destaca el concepto de Justicia como uno de los motores principales principales para impulsar los cambios propuestos en el sistema alimentario a nivel mundial, estableciendo una relación directa entre Salud y Justicia, pero obviando la realidad del actual contexto geopolítico, que está alterando al comercio mundial de bienes y afectando a las políticas de apoyo y de solidaridad.
No obstante, el caso es que el informe se exponen los cambios y los retos globales que han surgido desde su última publicación en 2019, como son la pandemia de Covid, los nuevos conflictos bélicos y la escalada de los existentes, así como la merma del espíritu de cooperación global, impulsada por las políticas proteccionistas de Gobiernos, principalmente el de Estados Unidos, con Donald Trump.
se reconocen las críticas recibidas en relación con la publicación del informe anterior, pero a la vez niegan que hubiesen promocionado dietas deficientes desde el punto de vista nutricional o impuesto sistemas dietéticos, recalcando que sus propuestas son únicamente recomendaciones en las que el consumidor tiene siempre la última palabra.
El informe, como se ve en el resumen adjunto, se divide en secciones temáticas dedicadas a la Salud, el Medio Ambiente, la Justicia y los modelos de actuación propuestos.
En lo relativo a la Salud y a las dietas, argumenta que existe una relación inherente entre sistemas alimentarios sostenibles y los límites planetarios, remarcando lo importante que es operar bajo el "safe operational space", un marco teórico que limita gráficamente el rango de condiciones en el que lo sistemas humanos y naturales pueden funcionar, a su entender, de forma segura. Así, cinco de los nuevo slímites establecidos para el Planeta están vinculados críticamente a los sistemas alimentarios.
El informe modifica también ligeramente, sin introducir novedades de importancia sobre lo ya conocido, la denominada 'Planetary Healthy Diet (PHD), proponiendo una dieta específica bajo los siguientes principios: mayor consumo de frutas y verduras (+5 porciones diarias); un mayor consumo de frutos secos y legumbres; limitación del consumo de productos cárnicos (aves de corral: 2 porciones por semana; carne roja: una porción, equivalente a una hamburguesa por semana, y huevos (2 unidades por semana), así como una reducción sustancial del consumo de azúcar, sal y grasas, especialmente las saturadas.
Los investigadores establecen la PHD como índice de referencia en relación a los índices de consumo de cada categoría alimentaria en cada continente, que son diferentes. En todo caso, el consumo de carne se ve gráficamente penalizado al superar (por la evidente realidad) lo establecido en la propia PHD.
Por lo demás, el estudio sigue siendo crítico al establecer una relación directa entre el uso de productos fitosanitarios (no olvidemos, que son la medicina de las plantas contra multitud de enfermedades y plagas) y la degradación de los ecosistemas y, en materia social, resalta las deficiencias existentes entre el actual modelo, en el que el Derecho a la alimentación, el trabajo decente y un medio ambiente saludable son el privilegio de una minoría de 155 millones de personas en el mundo (se desconoce muy bien de dónde puede sacar esa cifra y en qué datos se basa para calcularla).
Ejes principales
La segunda parte del informe de la Comisión EAT-Lancet 2025 se centra en plantear un modelo que, a su entender, permitirá alimentar a una población mundial cada vez mayor, en base a a tres ejes principales:
a) Lo que comermos: es decir, siguiendo la línea del análisis anterior, sería más vegetales, pescado y semillas oleaginosas y, por supuesto, menos carne.
b) Cómo producimos los alimentos: mejorando el uso de la tierra, el agua y los nutrientes, y reduciendo las emisiones contaminantes.
c) Lo que desperdiciamos: reducción total del desperdicio alimentario.
Es decir, prácticamente, nada nuevo bajo el sol, sobre todo cuando se ha dicho hasta la saciedad ya que el problema no es tanto de producción de alimentos (a pesar de los condicionantes que sobre las cosechas está provocando el cambio climático, como se está viendo en la realidad), como de su distribución, que es muy desigual y bastante injusta, teniendo en cuenta los cientos de millones de personas que aún pasan hambres o que cuentan con una muy deficiente nutrición.
El informe señala que los objetivos que se plantean deben ir acompañados de un seguimiento y una supervisión real, con actores responsables y acciones concretas, como la regulación del márketing, la reducción de las pérdidas y desperdicio de alimentos, subsidios a alimentos saludables, políticas de protección social y transparencia frente a intereses comporativos.
Por último, hay que señalar que este estudio está firmado, además de por los tres responsables arriba mencionados, por más de 24 comisarios de 17 países (la mayor parte anglosajones y de países del Norte de la UE), por expertos en Salud, Biomedicina, Ecología, Biodiversidad, Clima...etc., sin presencia de representantes de los productores agrarios, ni de la industria de transformación, ni de la distribución alimentaria, que son los verdaderos actores del sistema alimentario mundial.
Se trata, en suma, de un informe "friendly", bien intencionado si se quiere, a la vez que catastrofista, que analiza los riesgos de la actual situación, en las que todo el mundo es consciente y puede estar más o menos de acuerdo, pero que no ofrece soluciones prácticas, ni acordes con la realidad del mundo en que vivimos y que, por lo demás, en su sesgo, no cuenta con el análisis y las reflexiones que pudieran haber aportado los verdaderos actores de la producción, transformación y distribución de alimentos.
A pesar de ello, muchas de las cuestiones que se plantean se están llevando ya a cabo o impulsando, al menos en la Unión Europea, pese a que haya que reconocer que es impulso no sea suficiente para cumplir todos los objetivos de lo que los investigadores de este estudio denominan como Dieta Planetaria Saludable.
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