Comenzar la búsqueda
 

buscar

Búsqueda en los contenidos de la web
El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria
 

Periódico Digital Qcom.es: El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

30 DE septiembre DE 2026

Bebemos los mismos litros, pero con muchos menos grados

Ricardo Migueláñez. Director de Agrifood Comunicación

El consumo de alcohol en España ha caído cerca de un tercio en una generación, pero no lo ha hecho por igual en todas las bebidas: queda constatado estadísticamente en los últimos años que cuanto más alta es la graduación, mayor ha sido el descenso de la ingesta de las bebidas que contienen alcohol entre los consumidores.

La única categoría que crece, aunque partiendo de una base aún muy baja, es la que no tiene (o apenas) grados.

Empecemos por el dato que ordena todos los demás. En 1990 cada adulto español consumía 14,2 litros de alcohol puro al año. En 2017 esa cifra había bajado a alrededor de 10 litros por persona mayor de 15 años (16,4 litros en hombres, 4 litros, en mujeres).

No obstante, si se retrocede algo más, el contraste es aún mayor: las series de la Organización Mundial de la Salud (OMC) sitúan el consumo español en 15,25 litros en 1970 y en 17,7 litros en 1980, para caer hasta los 10,7 litros en 2019.

Otras fuentes, sin embargo, como las del Ministerio de Sanidad (informe EDADES) situaba ese consumo más recientemente, en 2024, en un promedio ‘per capita’ de 12,7 litros de alcohol puro (equivalente a unas 2,6 botellas de vino semanales por adulto). Una cifra que aún sitúa a España entre los países con mayor ingesta de Europa.

A pesar de la progresión descendente, sigue preocupando, según cita el informe, que el 25,6% de los adultos que consume alcohol practique el binge drinking (consumo intensivo de 5 o más bebidas en un corto período de tiempo) al menos una vez al mes. Un patrón de ingesta excesiva asociada a accidentes de tráfico, violencia, conductas sexuales de riesgo y mayor probabilidad de desarrollar dependencia.

Sea como fuere, la tendencia es claramente a la baja. Y esto se ha notado principalmente desde la pandemia de Covid hasta ahora. Es más, en una sola generación se ha dejado por el camino casi un tercio del alcohol que a través de diferentes bebidas de mayor o menor graduación ingeríamos. Pero la sociedad ni siquiera se ha dado cuenta o no ha querido darse cuenta.

Lo interesante, sin embargo, no está en el agregado, sino en cómo se reparte esa caída. Porque no ha sido uniforme. Si se ordenan las bebidas por graduación alcohólica y se mira después cuánto ha retrocedido cada una, aparece una correlación que merece atención: cuanto más grados de alcohol tiene la bebida, más terreno ha perdido.

Menos consumo, más calidad y precio

El vino es la bebida más documentada y la que más ha sufrido (no en porcentaje sobre el total) las consecuencias de este paulatino descenso por diversos motivos (cambios culturales y gastronómicos, campañas antialcohol…etc.).

En 1987 el consumo per cápita en España era de 46,62 litros. En 1995 había bajado a 30,55 litros. Y en el interanual cerrado en febrero de 2025, según los datos de la Interprofesional del Vino de España (OIVE), el consumo aparente fue de 973 millones de litros (9,73 Mhl) que, repartidos entre los 49,08 millones de habitantes censados, arrojan 19,8 litros por persona: por debajo de la barrera psicológica de los 20 litros. Para situar la cifra, Portugal promedia 53 litros e Italia y Francia rondan los 35. Hemos perdido más de la mitad del consumo en cuatro décadas.

El vino, eso sí, ha hecho algo que conviene subrayar: ha cambiado litros por euros. En el canal de Alimentación, entre 2004 y 2024 el volumen cayó un 29,3%, desde 457,4 hasta 323,3 millones de litros, mientras el valor crecía un 49,5%, hasta superar los 1.150 millones de euros. ¿El motivo? El precio medio unitario se ha más que doblado, pasando de 1,68 a 3,35 euros por litro. Se bebe bastante menos volumen, pero se paga bastante más y de más calidad. No es mal negocio, aunque nadie lo planificara.

Resistencia de la cerveza

La cerveza ha resistido mejor, pero también retrocede. En el año 2000 el consumo per cápita rondaba los 71,8 litros. El Informe Socioeconómico de Cerveceros de España cifró en 2025 unos 50,5 litros por persona y año, un 4,4% menos que el ejercicio anterior, con la Hostelería como principal damnificada, con un descenso del 2,4% en volumen.

La patronal apunta a la contención del gasto por la inflación, pero sobre todo al cambio de hábitos en los momentos de ocio, que está relegando a todas las bebidas alcohólicas en general. Aquí la 'sin' destaca también por el aumento de sus ventas.

El retroceso alcanza a todos los grupos de edad y se ceba con los menores de 50 años, que era precisamente el segmento sobre el que la cerveza había construido su crecimiento.

Bebidas espirituosas

Y llegamos a la parte alta de la escala, donde el desplome es de otro orden. El consumo doméstico de bebidas de alta graduación pasó de 42,6 millones de litros en 2011 a 26,68 millones en 2023. Son doce años y un 37% menos. Ninguna otra categoría ha perdido tanto en tan poco tiempo.

Por grados

Ordenemos ahora los tres datos junto a su graduación. Las bebidas espirituosas, entre 37 y 40 grados, se han dejado en torno a un 37% en doce años. El vino, entre 12 y 14 grados, un 29% en veinte años en el canal de Alimentación. La cerveza, entre 4,5 y 5,5 grados, es la que mejor aguanta.

Y la única categoría que crece en todo el panorama es la que tiene cero grados: las ventas de cerveza sin alcohol aumentaron un 4,6% en 2025, hasta los 3,3 millones de hectolitros, y ya representan el 14% de toda la cerveza que se consume en España, con presencia prácticamente universal en los establecimientos y una extensión notable del grifo sin. España es líder europeo en este segmento.

Conclusiones

La conclusión se sostiene sola: el consumidor español no ha dejado de beber, ha bajado de graduación. No ha renunciado al rito social de la caña, el vino de la comida o la copa de sobremesa; ha ido sustituyendo el contenido alcohólico de ese rito manteniendo el gesto. Por eso el descenso en litros de bebida es menor que el descenso en litros de alcohol puro.

Los que se ha evaporado no son las consumiciones, son los grados.

Conviene, no obstante, evitar la tentación de convertir esta correlación en una ley aritmética. La relación es de orden, no de proporción exacta, y las cifras no cuadran si se intenta hacerlas cuadrar al decimal. Las fuentes no son homogéneas —unas miden compras en hogares, otras consumo aparente, otras recaudación fiscal— y el turismo distorsiona cualquier media: los 19,8 litros de vino per cápita no computan a los 93,8 millones de turistas que visitaron España en 2024, mientras que el dato de cerveza sí incorpora lo que beben.

De hecho, el informe Health at a Glance 2025 de la OCDE sitúa a España, junto a Portugal y Rumanía, entre los países donde el consumo per cápita aumentó en dos litros o más entre 2013 y 2023, lo que obliga a manejar el relato del declive con prudencia.

Tampoco ha sido una pendiente continua. El análisis de la serie 1990-2019 identifica cinco fases: un descenso del 3,2% anual entre 1990 y 1995, un repunte del 1,1% anual hasta 2000, un periodo de estabilidad hasta 2006, una caída del 4,5% anual entre 2006 y 2011 y una nueva meseta desde entonces. Una escalera, no una rampa, en la que cada escalón coincide con cambios normativos, crisis económicas o giros generacionales que merecerían análisis propio.

Para el sector, la lectura operativa es incómoda pero clara. La unidad de negocio ha dejado de ser el litro y ha pasado a ser el grado, y quien siga vendiendo grados a granel tiene el futuro comprometido.

El vino ha acertado por la vía del valor, aunque haya sido más por inercia del precio que por estrategia deliberada.

La cerveza ha acertado por la vía del cero alcohol o 'sin' y hoy España lidera en Europa un segmento que hace veinte años se consideraba residual.

Los espirituosos son los que peor lo tienen y los que menos han reaccionado.

El vino sin alcohol, por cierto, sigue siendo en España una conversación tímida cuando ya debería ser una línea de producto consolidada.

Hay quien interpreta todo esto como una derrota cultural. Yo creo que es otra cosa. Es el mismo país que sigue quedando a tomar algo, solo que ahora pide una sin, un vermut con menos graduación o una copa de albariño en lugar de tres.

El rito sobrevive. Lo que cambia es el contenido del vaso, y esa es una noticia excelente para quien esté dispuesto a fabricar lo que ese vaso pide ahora.

Qcom.es no se responsabiliza ni se identifica necesariamente con las opiniones expresadas por sus colaboradores, limitándose a convertirse en canal transmisor de las mismas