8 DE abril DE 2026
Robert Savé. Investigador emérito del IRTA
Esta pregunta es lógica y coherente con nuestro sistema socioeconómico, unos ganan y otros no, y por tanto en un mundo global, la crisis existe y se incrementa para una parte de este, cada vez más pequeña, mientras la otra cada vez sufre más intensamente sus consecuencias.
https://www.youtube.com/watch?v=itpMLEjzyiA&list=PLQ-cOWuTbKsseV70JnL-yLejN1LrQxPXH
Tal parece, que de nada han servido los informes reiterados del IPCC (1), de MEDECC (2), de AEMET (3,4), de GCP (5) desarrollados periódicamente desde hace unos 40 años, y por ello (6), recientemente, el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres expresó “su profunda preocupación por la alteración del clima a nivel global," y afirmó que "se están viendo modificaciones en los patrones meteorológicos establecidos."
Este sostuvo que la variación climática está cambiando las reglas del juego, pues en el último tiempo se están batiendo récords de temperatura, las sequías duran más, el nivel del mar está subiendo y los desastres son cada vez más frecuentes.
Por lo que, hizo hincapié en que las previsiones precisas y las evaluaciones tempranas en este ámbito están demostrando ser eficaces y están ayudando a salvar vidas.
Asegurando que "existe la necesidad de acelerar los sistemas de alerta temprana durante los desastres para que la población pueda ser informada a tiempo y tomar las medidas necesarias para protegerse”.
En toda esta nueva realidad de hace más de 50 años en el mundo, y en el España, aparte de estos problemas, incluso cataclismos expresados por la ONU, debe añadirse que la producción de alimentos se verá fuertemente afectada por las condiciones ambientales, que no se puede olvidar que no son más que la expresión del cambio global.
Así, la disponibilidad real a la baja de alimentos causada por una menor y errática producción se alinea y se suma a la disponibilidad virtual, consecuencia de los cambios entre oferta y demanda en el mercado, promoviendo ambos, una grave emergencia social.
Las guerras que siempre hay, y que ahora al globalizarse y sernos cercanas, han puesto frente a nuestros ojos razones, que queríamos olvidar o no reconocer (7), como la necesidad sin freno de recursos, de manera similar a la depredación, allá donde los haya, poniendo de relieve, que la no disponibilidad de la energía conlleva grandes y graves problemas, que se visualizan en el transporte por los combustibles, la agricultura por los fertilizantes…y por una subida generalizada de los precios de productos y servicios.
En este apartado inconcreto, pero amplio, es donde radica la parte importante del problema, y también donde aparece una solución.
Todo el sector agroalimentario, como los otros, es absolutamente dependiente de la energía y, por tanto, se conocen los efectos de su escasez e inestabilidad. Como ejemplo, recordemos el gran apagón de las 12:30 del 28 de abril del 2025, en el que el país se detuvo.
Por ello el nexo agua/energía/alimentación/ecosistema (8) es el punto clave para conseguir una alimentación suficiente, sana, de calidad, y con una distribución equilibrada en espació y tiempo, distribuida justamente, como preconiza la OMS “Una dieta saludable es una de las bases para la salud, el bienestar, el crecimiento óptimo y el desarrollo, y protege contra todas las formas de malnutrición” (9).
El problema es claro, es el sistema en el que vivimos y producimos, que genera un modelo funcional de crecimiento potencialmente ilimitado, y la solución también está en él, y puede ser la introducción y aplicación de un concepto tan antiguo como sólido, la sobriedad.
El tiempo corre, los recursos o se acaban o son difíciles de obtener, la población crece…, y la felicidad, el bienestar que la alimentación comporta son cada vez son más necesarios para más, que, entre los que nos encontramos y para los que nos sucederán.
Es el momento de actuar, la crisis general, nos fuerza a la escasez, que, si nos atrevemos y sabemos convertir en sobriedad, que no es miseria, ni pobreza, es simplemente evitar el despilfarro, de lo que se dispone en poca cantidad, o incluso se carece.
Hacerlo sin duda es un proceso complejo y complicado ya que, aparte del conocimiento, requiere de grandes dosis de empatía y sentido común (10).
Esta claro que hay crisis, y el cambio da miedo, pero la realidad también, y por ello, será clave introducir las Humanidades en las fórmulas de conducta individual y social, que basadas en la ciencia, planteen soluciones sobrias a los retos actuales y futuros de la alimentación, dejando a un nivel instrumental, el que siempre ha tenido, a la tecnología.
* Esta opinión es fruto de conversaciones con el Dr. Jaume Flexas, Catedrático de Fisiología Vegetal en la Universitat de Ses Illes Balears, miembro del Instituto de Investigaciones Agroambientales y de Economía del Agua (INAGEA), gran conversador y mejor persona.
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