31 DE marzo DE 2026
Ricardo Migueláñez. @rmiguelanez
Uno de los grandes retos del sector agroalimentario y pesquero español no está hoy únicamente en los mercados, en los costes de producción o en la incertidumbre regulatoria. Desde mi punto de vista, existe un problema menos visible, pero profundamente estructural: la falta de formación e información de una parte importante de los operadores del sector.
En un entorno cada vez más complejo, donde la toma de decisiones empresariales depende de factores regulatorios, geopolíticos, tecnológicos y comerciales, resulta preocupante comprobar que muchos operadores no acceden a información que necesitan para estar al día de lo que ocurre en “su mundo”. No participan en foros sectoriales y, en demasiadas ocasiones, tampoco consideran la formación como una inversión estratégica.
La realidad es que informarse cuesta. Cuesta tiempo, cuesta esfuerzo y, en ocasiones, cuesta dinero. Pero no informarse cuesta mucho más. Cuesta competitividad, cuesta anticipación y, finalmente, cuesta oportunidades de negocio.
Las estadísticas sobre hábitos de lectura en el ámbito profesional son claras: el nivel de consumo de información especializada es bajo. A ello se suma otro fenómeno aún más preocupante: quienes sí acceden a la información no siempre la interpretan correctamente y, en ocasiones, contribuyen a generar ruido o desinformación dentro de sus propias organizaciones o entornos profesionales.
Este problema se agrava en un momento en el que el sector agroalimentario afronta cambios estructurales de gran magnitud: nuevas políticas agrarias, exigencias medioambientales, transformación digital, cambios en el consumo, concentración empresarial o nuevas exigencias de los mercados internacionales. Todo ello requiere operadores preparados, informados y con capacidad de análisis.
Herramienta de competitividad
Sin embargo, sigue siendo habitual encontrar empresas que no acuden a jornadas técnicas, que no participan en congresos sectoriales o que no consideran prioritario destinar recursos a la formación de sus equipos. Se trata de una visión a corto plazo que, a medio y largo plazo, limita su desarrollo empresarial.
La formación no debe verse como un gasto, sino como una herramienta de competitividad.
Las empresas que invierten en conocimiento suelen anticiparse mejor a los cambios, identificar oportunidades antes que sus competidores y tomar decisiones con mayor solidez.
Además, el acceso a foros especializados permite algo igualmente importante: contrastar opiniones, compartir experiencias y construir una visión más amplia del sector.
En un mundo donde la información circula rápidamente, pero no siempre con rigor, estos espacios adquieren un valor estratégico.
El sector agroalimentario y pesquero español ha demostrado históricamente su capacidad de adaptación y resiliencia. Pero para seguir siendo competitivo en un entorno globalizado, necesita reforzar una base esencial: el conocimiento.
Porque, en definitiva, las empresas que no se informan toman decisiones con menos datos. Y en un sector cada vez más complejo, decidir con menos información es, sencillamente, asumir más riesgos.
La formación y la información ya no son opcionales. Son una necesidad estratégica para el desarrollo, la sostenibilidad y la competitividad del sector agroalimentario y pesquero.
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