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El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

Periódico Digital Qcom.es: El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

18 DE mayo DE 2020

Ya está aquí, 'De la granja a la mesa'

From Farm to Fork

Ricardo Migueláñez. @Rmiguelanez

Si no se cambia una vez más, este miércoles 20 de mayo se esperaba que la Comisión Europea presentase  su Estrategia “De la granja a la mesa”, en la que, entre otras cosas, se pretenden incluir objetivos de reducción del uso de fitosanitarios y de fertilizantes, así como de antibióticos en ganadería e incluirá nuevas medidas en bienestar animal, mirando al horizonte de 2030, que ya han levantado ampollas en el sector agroalimentario comunitario.

Parece que ni las consecuencias de la epidemia del Covid-19 van a hacer modificar la opinión y los criterios a los redactores de esta nueva Estrategia, ligada con  los objetivos de reducción de entre un 40-50% de las emisiones de gases contaminantes a la atmósfera para intentar frenar el cambio climático. Pero tendremos que ver cuáles son los plazos, si se ralentiza su puesta en marcha o si se acelera para que la salida de la crisis sea aún más verde de lo previsto.

El problema no estaría, quizás, tanto en los objetivos, como en las dudas que suscitan las medidas que se quieren imponer para lograrlos. Medidas que pueden llevar a una contracción de la oferta de producción agraria de la UE y, por ende, a un aumento de la demanda exterior de alimentos y de materias primas agrarias de países terceros. Países a los cuales no se les exigiría mucho menos, ni quizás se les podría exigir, los mismos estándares y condicionantes para garantizar el abastecimiento alimentario de los ciudadanos europeos.

El pasado 12 de mayo, los eurodiputados de la Comisión de Agricultura del Parlamento Europeo (Comagri) insistieron en pedir a  la comisaria europea de Salud y Seguridad Alimentaria, Stella Kyriakides, responsable de presentar la Estrategia “De la granja a la mesa” en el marco del Plan Verde Europeo, que los objetivos medioambientales que planea Bruselas sean “realistas”, porque de lo contrario pueden poner en riesgo la producción comunitaria de alimentos.

Los europarlamentarios preguntaron, en concreto, a la comisaria sobre la reducción del uso de fitosanitarios y fertilizantes, y señalaron que “si no hay alternativas viables, puede entrañar riesgos para la producción y el abastecimiento suficientes de alimentos en la Unión Europea.”

Para calmar ánimos, Kyriakides aseguró que la CE no pretende confrontar la “sostenibilidad” con la oferta alimentaria y que el objetivo de la Estrategia no será “penalizar, sino ayudar” a los agricultores y ganaderos a ir hacia una producción más sostenible, que también puede favorecer la economía.

Vistos los antecedentes, el COPA-Cogeca emitió recientemente un informe sobre la protección sostenible de los cultivos, que deja bien a las claras el posicionamiento del sector productor agrario europeo en un ámbito, en el que la Comisión Europea debería escuchar más a los que trabajan en el día a día en el campo, antes de plantear propuestas en las que parece que se da  mayor prioridad a la protección (supuesta) del medio ambiente, que a la producción agrícola en sí, como si una cosa –la defensa del medioambiente- y otra -la producción agrícola rentable, viable y competitiva- fuesen obligatoriamente excluyentes entre sí, cuando no lo son.

From Farm to Fork

A tener en cuenta

Entre los puntos que esta organización comunitaria, que vela por los intereses de los productores agrarios y de sus cooperativas, estima que deberían tenerse en cuenta en las discusiones sobre la protección de cultivos figuran la gestión integrada de plagas (GIP), como norma en esa protección; dotar a los agricultores de las herramientas adecuadas, seguras, efectivas y asequibles para que puedan tratar los cultivos cuando sea solo necesario, con la autorización de sustancias activas y fitosanitarios suficientes en la UE bajo criterios científicos, así como la necesidad de disponer de productos suficientes para usos menores y usos de emergencia en los cultivos especializados.

También se propone buscar y encontrar una mayor sensibilización de los consumidores, como aspecto clave para la continuidad de la agricultura europea; garantizar la seguridad alimentaria; fortalecer las agencias europeas y las garantías de los estándares de seguridad alimentaria; fomentar la sensibilización internacional a las exigentes normas de producción de la UE, así como favorecer una agricultura sostenible con nuevas tecnologías de protección de los cultivos.

Para afrontar este último asunto, habría que identificar de antemano las necesidades específicas de los agricultores para cerrar la brecha entra la ciencia y la práctica. Por ejemplo, ser capaces de sustituir una sustancia activa, que se ha evaluado negativa por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), por nuevas soluciones sostenibles (pero también asequibles para los agricultores), que puedan tener repercusiones menores para el medio ambiente, presentar menos riesgos para los usuarios y garantizar una producción segura y efectiva. Alternativas que deberían verse como una combinación de soluciones como, por ejemplo, prácticas agronómicas innovadoras, la digitalización, variedades resistentes o la búsqueda de nuevos mercados agrícolas.

No es nada nuevo que agricultores y cooperativas llevan ya tiempo invirtiendo y aplicando soluciones innovadoras  para que sus empresas sigan siendo competitivas y sostenibles, para gestionar mejor los recursos naturales, proporcionar bienes y servicios a los consumidores, adaptarse a los efectos del cambio climático sobre la agricultura y responder a las exigencias de la sociedad. Y todo esto es algo que tiene que ser reconocido y puesto en valor por las distintas instituciones públicas, sobre todo a la hora de insistir en nuevas exigencias.

La realidad es la que es. Aunque los agricultores sean los primeros interesados en utilizar fitosanitarios de bajo riesgo y otras tecnologías sostenibles, el problema está, como reconoce el COPA-Cogeca, en que estos productos no están disponibles en poco tiempo (lentitud de los procesos de autorización, falta de accesibilidad para los agricultores…).

Por eso, demandan que se vea como algo fundamental continuar con la inversión en I+D+i en este ámbito, tanto para las nuevas sustancias activas con mejores perfiles eco-toxicológicos, como para las variedades resistentes, con el fin de garantizar, precisamente, la disponibilidad en el mercado de productos efectivos, seguros y asequibles, que puedan adaptarse al sistema y a las condiciones agrícolas de la Unión Europea, reduciendo el volumen de fitosanitarios para la protección de los cultivos.

Más investigación

En este punto, el COPA-Cogeca lo tiene claro: “teniendo en cuenta la transición agroecológica en curso, debemos garantizar que los resultados de esta investigación se hagan públicos y puedan traducirse en herramientas innovadoras y directamente aplicables para los agricultores.” Para ello es necesario financiar programas de investigación específicos (p.j. agricultura de precisión), que contemplen las diferencias en la producción de cultivos y de las regiones agroclimáticas en la Unión Europea.

En el ámbito de la digitalización, el COPA-Cogeca apuesta por “fomentar el intercambio de información entre las partes interesadas de la cadena alimentaria, a través de redes temáticas y otras plataformas digitales, que garanticen al mismo tiempo la protección de los datos (p.ej. datos personales de los agricultores, investigadores, trabajadores, etc.)”.

La digitalización de la agricultura no se debe limitar a contar con datos, al control y a la trazabilidad, sino que tiene también que ver con la “agricultura de precisión”, basada en la recopilación y el análisis de la información para luego tomar decisiones más precisas y sostenibles, y medidas en consecuencia, según la variabilidad de los cultivos, los bosques y el ganado.

La transformación digital y las herramientas digitales, añade el COPA-Cogeca, “permiten combinar los datos de campo con múltiples fuentes tales como la toma de decisiones digitales, el tratamiento local, el sistema GPS, imágenes por satélite o drones, datos sobre los proveedores de insumos, datos meteorológicos, etc., acelerando sus conocimientos y su capacidad de actuación y de adaptación.”

En el marco de las nuevas tecnologías para la protección sostenible de cultivos no podían faltar las nuevas técnicas de obtención vegetal, que permiten a los cultivadores seleccionar los rasgos que no es posible obtener en la selección convencional disponible (p. ej., resistencia al midiú polvoroso del trigo).

Además, añaden en el informe, “ayudan a desarrollar variedades que no solo necesitan menos insumos, sino también aumentan la cantidad y producen rendimientos más estables, se adaptan al cambio climático, producen alimentos de alta calidad en cantidades suficientes y diversifican los cultivos para la producción, con el fin de optimizar la rotación de cultivos.”

El COPA-Cogeca se posiciona a favor de explorar las posibilidades ofrecidas tanto para el cultivo de variedades más resistentes, tanto a través de la obtención clásica, como de las técnicas de cultivo innovadoras. Y que se garantice el libre acceso a los recursos genéticos para que los agricultores puedan aprovechar su potencial y facilitar el desarrollo de variedades de cultivos resistentes a plagas o fenómenos climáticos extremos.

Estas nuevas técnicas de obtención (Cris-pr, agricultura molecular…) van de la mano de otros desarrollos tecnológicos, como la agricultura de precisión, la agricultura digital, la robotización y el control biológico. Para el COPA-Cogeca, “cada una de estas nuevas técnicas de obtención debería ser objeto de análisis y debate, caso por caso, a menos de expertos y de acuerdo con criterios científicos estrictos”, reservándose el derecho de expresar su punto de vista sobre las mismas, caso por caso, y considerando que, “junto con las grandes empresas de selección, deberían poder mantenerse también las más pequeñas, ya existentes, para las variedades locales y regionales.” 

Objetivos para el futuro

  • Los agricultores necesitan herramientas seguras y efectivas para luchar contra las plagas y las enfermedades para garantizar tanto la inocuidad, como la seguridad alimentarias para la actual y futura población mundial.
  • El sector agrícola debería ser lo suficientemente fuerte para demostrar a los consumidores que está listo para atender sus diferentes exigencias sobre los productos agrícolas, adaptando sus prácticas en general y las prácticas de protección de cultivos en particular.
  • Deberíamos garantizar tanto la estabilidad económica como social para los productores a la hora de atender las demandas de la sociedad.
  • Se les debería remunerar adecuadamente a los agricultores europeos que aplican más medidas que las exigidas por la normativa; y la sociedad y las instituciones, tanto dentro como fuera de la UE, siempre deberían reconocer el valor añadido de los ecosistemas proporcionados por los agricultores europeos, mediante la aplicación de estas medidas ampliadas.
  • La participación de los agricultores en los procesos de toma de decisiones puede ayudar a colmar la brecha entre los investigadores y los agricultores para encontrar soluciones ampliamente compartidas que, por fin, podrían percibirse como nuevas oportunidades viables para mejorar la productividad.
  • Un aumento de las inversiones en investigación e innovación a nivel de la UE permitiría a los agricultores europeos mejorar aún más la sostenibilidad ambiental de su producción y siempre debería fomentarse.
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