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El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

Periódico Digital Qcom.es: El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

9 DE enero DE 2019

Responsabilidad social y cadenas sostenibles

Fernando J. Burgaz Moreno. Ingeniero Agrónomo @FernandoJBurgaz

Lograr el desarrollo equilibrado y sostenible de las cadenas de suministro constituye un claro objetivo y una permanente preocupación de los sectores e instituciones y, si queremos consolidar un futuro de éxito para el sistema alimentario español, debe seguir siendo una de las grandes tareas sobre las que es necesario continuar trabajando, especialmente por parte de los operadores que integran dicha cadenas.

Son muy diversas las medidas que es necesario implementar para lograr esa garantía de sostenibilidad de los operadores, especialmente la de aquellos que se encuentran en una posición más débil, como es habitualmente el caso de los productores primarios.

Como todo problema complejo su solución no se basa en medidas sencillas, ni existen soluciones mágicas. No se trata ahora de abordar esas diversas medidas que permiten dar una respuesta adecuada a este problema, pero si quisiera hacer mención a una, de dichas medidas, a la que no se le suele dar la importancia que, a mi modo de ver, tiene para poder abordar esta cuestión con éxito.

Me refiero a los aspectos relacionados con la creación de valor compartido y la responsabilidad social empresarial, herramientas cada vez más necesarias para un desarrollo empresarial sostenible e imprescindibles para la mejora de las cadenas de suministro en las que operan.

La responsabilidad social de las empresas va más allá del cumplimiento estricto de la legislación vigente, ya que supone la integración voluntaria de las cuestiones sociales, laborales y medioambientales, en su gestión y procedimientos de trabajo, y en sus acuerdos con los proveedores y clientes y en sus relaciones con el conjunto de la sociedad en la cual están inmersas.

En un momento en el que el consumidor está cada vez más interesado en los aspectos relacionados con los problemas medioambientales, las cuestiones sociales, o el origen de los productos, los modelos de gestión empresarial que están alineados con dichos intereses tienen mayores posibilidades de crecer aprovechando la ventaja competitiva que aporta la aplicación de una adecuada política de responsabilidad social empresarial.

Al hilo de estas reflexiones, viene al caso comentar el acuerdo recientemente alcanzado en Francia entre más de 800 ganaderos productores de leche, un industrial y un distribuidor, para crear valor y distribuirlo a lo largo de la cadena, en beneficio especialmente de los ganaderos.

El pasado 12 de diciembre se hizo público el acuerdo alcanzado entre L’Association des Producteurs Bel de l’Ouest, la industria quesera Bel y la empresa de la distribución Intermarché, acuerdo que ha sido presentado como “inédito e histórico” por los medios de comunicación franceses1, ya que, mediante el mismo, el distribuidor se compromete a pagar por el producto elaborado una cantidad mayor al industrial, con la condición de que este remunere mejor a los productores que le suministran la leche.

La segunda de las lecciones radica en el hecho de que interviniendo en el acuerdo más de 830 empresarios, solo se han escuchado tres voces durante la negociación, ya que los ganaderos que participan forman parte de una asociación que ha tenido la posibilidad de negociar y asumir compromisos, en nombre de todos ellos.

El precio pactado que recibirá los ganaderos, durante un año, se sitúa entre un 10 y un 12% por encima del precio medio de mercado de la leche cruda y ha sido establecido mediante un proceso de negociación que ha permitido llegar a un precio remunerador para el productor, partiendo del coste de producción en la granja.  

Como contrapartida, las 830 explotaciones adheridas al acuerdo adquieren algunos compromisos en el manejo del ganado, como el alimentar a las vacas con productos sin OGM y disponer de terreno para un pastoreo de al menos 5 meses.  

Visto este acuerdo desde nuestra perspectiva, creo que podemos extraer dos importantes lecciones. La primera y más destacada de ellas es el ejercicio de responsabilidad que han realizado las tres entidades que han intervenido, ya que han sido capaces de formalizar un conjunto de compromisos que partiendo de un producto final de mayor valor (queso elaborado con leche de pastoreo y sin OGM) han hecho posible mejorar el precio de la leche cruda, y establecer la manera de repartir ese valor en beneficio de los ganaderos.

Como señalaba el Presidente de Intermarché, en la presentación del acuerdo,  este ejercicio de responsabilidad social debe constituir un elemento común de aquellas empresas realmente comprometidas en la creación de valor compartido. Señalando su disponibilidad para “comprar alimentos más caros a las empresas que sean capaces de justificar el aumento en la remuneración que reciben los agricultores”.

La integración de los productores, bajo la forma jurídica que les resulte más adecuada a sus circunstancias, que incluya una fórmula de comercialización conjunta de la totalidad de la producción y otorgue al responsable de la organización la capacidad de negociar y acordar precios y volúmenes, constituye la única manera real mediante la cual los productores pueden adquirir relevancia en las negociaciones con otros eslabones de la cadena y, por tanto, conseguir un mayor equilibrio en las relaciones comerciales.

Como señalaba anteriormente, son diversas las medidas que es necesario impulsar para establecer las bases para un desarrollo sostenible y equilibrado de las cadenas de suministro, dentro de las cuales todos los operadores, especialmente los productores primarios, deben encontrar una remuneración adecuada al valor generado y al trabajo aportado.

Algunas de estas medidas requieren un esfuerzo adicional al que ya realizan los operadores y necesitan de un tiempo para su aplicación, tal es el caso del fomento de la cultura de la responsabilidad social empresarial o de la integración vertical. Los avances en estos ámbitos solo se consiguen a base de diálogo, negociación, confianza mutua y trabajando con una visión global de la cadena y son un buen ejemplo de por qué no se pueden resolver los problemas de falta de equilibrio en las relaciones comerciales, con propuestas bien intencionadas, pero simplistas e ineficaces, como en ocasiones se plantean.

Sin duda, lo anterior puede parecer poco práctico o irrealizable, pero creo que es uno de los caminos que hay que recorrer, si queremos realmente avanzar en la sostenibilidad y en la mejora de la posición de los productores en la cadena de aprovisionamiento.

Para concluir, reiterar la importancia de incorporar los planteamientos de la responsabilidad social empresarial a la gestión de la cadena alimentaria, en tanto que dicha responsabilidad supone para las empresas el tener que gestionar su negocio teniendo en cuenta no solo los resultados, sino también la forma de obtenerlos. Lo que se traduce en la generación de valor compartido y la garantía de futuro que se deriva de su sostenibilidad.

Queda trabajo por realizar para continuar incorporando los principios de la responsabilidad social al mayor número posible de empresas, tanto de la producción primaria, como de la industria y de la distribución, y es una tarea a la que están llamadas todas las instituciones, asociaciones y organizaciones, privadas y públicas, que desarrollan su labor en el marco del sistema alimentario.

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