19 DE diciembre DE 2025
Robert Savé. Investigador Emérito del IRTA
A lo largo del siglo actual, la temperatura se incrementará bajo cualquiera de los escenarios que se consideran y, en consecuencia, aumentará la evaporación, mientras que la precipitación en nuestro país se mantendrá estable o se reducirá ligeramente.
Probablemente aumente su concentración diaria y horaria, lo que puede dar lugar a un incremento de la torrencialidad ya la erosión que se deriva. Todo esto aumentará el déficit de agua en el suelo, el estrés hídrico en las plantas cultivadas en secano y las necesidades de agua en el regadío.
Además, las sequías, cada vez más presentes, condicionarán el crecimiento y desarrollo de los individuos y la productividad de los cultivos.
Su coincidencia en el tiempo con oleadas de calor, ya más frecuentes, intensas y duraderas, que, en décadas anteriores, y que constituyen los episodios compuestos secos y cálidos, supondrán unas pérdidas importantes para toda la cadena agroalimentaria, especialmente la vinculada directamente al campo, como ya ocurrió en los últimos años.
Todo ello ocasionará avances o retranqueos de las especies y variedades cultivadas, según sea su grado de tolerancia a las elevadas temperaturas, y al estrés hídrico por falta de agua o por un balance negativo entre oferta y demanda en las plantas.
No son descartar tampoco episodios puntuales fríos y heladas tardías (o inicio temprano de la vegetación, por cambios fenológicos asociados al incremento térmico), por los desajustes que el calentamiento global produce en la circulación atmosférica, con efectos negativos en los cultivos.
Estos fenómenos darán lugar a una redistribución espacial de algunos cultivos, formando parte de las medidas de adaptación a la agricultura.
En otros casos, con los embalses exhaustos y los niveles freáticos en descenso, el recurso a las aguas depuradas/regeneradas, y las obtenidas por desalinización, puede compensar localmente la escasez hídrica en el sector agropecuario.
Podríamos decir que el cuadro del paisaje lo dibuja la temperatura y le da color la sequía o el agua disponible. Con una visión amplia, es importante tener en cuenta que, aunque el regadío consume un porcentaje muy elevado de la oferta de agua en todas partes, la gestión integral del elemento exige llevar a cabo políticas de sobriedad urbana, turística e industrial, junto a una buena gestión forestal.
Superficie forestal
Se sabe que los bosques interceptan la lluvia y, sobre todo, aumentan el agua "verde", es decir, la de la evapotranspiración, por lo que disminuye el agua "azul", la de los ríos.
Así, aunque el ciudadano piense lo contrario por el impacto de los incendios forestales y la urbanización de nuevos espacios, España ha recuperado superficie forestal en el último siglo, debido al abandono rural y la pérdida de ganado no estabulado, especialmente en los municipios de montaña.
La superficie forestal actual supera los 26 millones de hectáreas, lo que supone el 55% de la superficie del país y el 14,3% de la superficie forestal de Europa.
Más de 14,5 millones de hectáreas son de superficie arbolada. Comunidades Autónomas de clima predominantemente mediterráneo, con cuencas fluviales cortas y limitadas a frentes mayoritariamente de procedencia del este, como Cataluña, tienen un 65% de la superficie de tipo forestal.
Una buena planificación y gestión forestal debe permitir compatibilizar el efecto beneficioso de los bosques, como sumideros de carbono, con el papel regulador del ciclo hidrológico.
También es necesario regular el consumo en exceso debido al turismo o actividades lúdicas, como los deportes de invierno que utilizan cañones de nieve artificial, así como actividades industriales altamente consumidoras de agua, incluida la agroindustria dependiente de los grandes regadíos.
Tampoco puede olvidarse la factura para el país del agua virtual exportada, es decir, la cantidad de agua que se ha utilizado para fabricar un producto determinado o generar un servicio y que se va al extranjero.
Entre los productos agrarios exportados, un ejemplo simple pero ilustrativo lo proveen los cítricos, así, con cada naranja española vendida en el exterior se van 50 litros de agua.
En esta línea argumental también debe considerarse la importación de agua virtual con los forrajes para nuestra industria cárnica, los pescados y mariscos, los fertilizantes y los pesticidas.
Es y será muy importante valorar la plasticidad adaptativa de las especies, tanto de cultivos como de ganadería. Así, a grandes rasgos, el sector agrícola verá reducida la producción, se modificarán los atributos organolépticos de sus productos y cambiará la distribución territorial de algunos cultivos.
Cambio climático
Sin embargo, es uno de los sectores que más potencial tiene para adaptarse al cambio climático en nuestro país, siempre integrado en la salud humana, animal y vegetal, junto con otros ámbitos como la educación del ciudadano y las políticas activas, positivas y decididas para evitar el despoblamiento rural.
En el país no partimos de cero, hay mucha gente capacitada para salir adelante, y ni siquiera se necesita tanto dinero como voluntad. Eso sí, son necesarios datos abiertos, procedentes de todas las fuentes públicas y privadas, para saber exactamente qué está pasando y trabajarlos, para modelizar procesos y valorar soluciones.
Quizás hay lugares en los que habrá que cambiar de cultivo porque los que hay ya no serán productivos. Habrá pues que asegurar la viabilidad del sector agrícola en general, sí, pero también mantener a la población, y hay que saberlo todo para tomar buenas decisiones y no ir a ciegas en el momento de aplicar la ciencia y la técnica con compromiso, sobriedad y sentido común.
¡Ojalá el Año Nuevo nos traiga a todas y todos, muchas cosas buenas, y entre ellas la decisión colectiva de hacer un país, un territorio resiliente para ahora y el futuro!
Referencias
Beltrán, J. P.; et al.(2021). Informe sobre el impacto del pacto verde europeo desde un enfoque de sistema alimentario global sostenible. Barcelona: Fundación Triptolemos. https://www.triptolemos.org/wp-content/uploads/2022/04/INFORME-TRIPTOLEMOS-IMPACTO-GREEN-DEAL.pdf
Mrabet, R.; Savé, R.; Toreti, A.; Caiola, N.; Chentouf, M.; Llasat, M. C.; Mohamed, A. A. A.; Santeramo, F. G.; Sanz-cobena, A.; Tsikliras, A. (2020). «Food». En Cramer,W.; Guiot, J.; Marini, K. (ed.). Climate and environmental change in the Mediterranean Basin: Current situation and risks for the future: First mediterranean assessment report. Marsella: Union for the Mediterranean. Plan Bleu. UNEP/MAP, p. 237-264. DOI 10.5281/zenodo.7101080.
Serrano-Notivoli, R.; Olcina, J.; Martin-Vide, J. (coord.) (2024). Cambio climático en España. València: Tirant Humanidades.
Reguant, F.; Savé, R. (2016). «Disponibilidad alimentaria y desarrollo global sostenible». En Colomer, Y.; Clotet, R.; González, L. (coord.). El sistema alimentario: globalización, sostenibilidad, seguridad y cultura alimentaria. Cizur Menor (Navarra): Thomson Reuters Aranzadi, p. 55-90.
Qcom-es © 2026 | Todos los derechos reservados